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Artículo de humor

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SE CONVIERTE EN NEGRO PARA SATISFACER A SU NOVIA Y LO DEJA "TIRAÓ"

 

Patricia Díaz Lozano

22/06/2011

 

 

Hay ocasiones en las que es mejor no hacer determinadas cosas por amor por muy enamorado que estemos. Y si no que se lo pregunten a Ernesto Solo Mepasamí, un joven de 27 años natural de Valdemoro, que quiso sorprender a su novia en su tercer aniversario y cumplir uno de los mayores deseos que aquélla tenía; pero le salió el tiro por la culata.

 

Todo empezó el día en que Amelia Mula Tones,  hablando con su chico de sus fantasías sexuales, le confesó que le encantaría mantener una relación con un hombre de color; es decir, con un negrito. Si bien le confesó, acto seguido, que lo amaba tanto que no tenía necesidad de llevar a cabo su fantasía, que solo era eso, una fantasía.

 

Ernesto, tremendamente enamorado de  su Amelia, no lo dudó ni un momento.  Deseando cumplir los anhelos de su chica, decidió llevar a cabo un plan del que desgraciadamente salió churruscadito, y nunca mejor dicho, como veremos al final de esta crónica.

 

Aprovechando que por motivos de trabajo la empresa lo envió a Huston durante seis meses, decidió ponerse en contacto con un prestigioso cirujano plástico americano -el mismo que había tratado a numerosos artistas del séptimo arte y de la canción, entre ellos Mikel Jackson-, para cambiarse el color de la piel. Fue sometido a un tratamiento por el cual mudaron su pigmentación natural por otra de color bastante más tostado, vamos que lo dejaron negro como un humero: El mismo tratamiento al que sometieron al de los Jackson Five, pero a la  inversa.

 

Hasta aquí todo bien, el tiempo pasó y tras su costosa, a la par que dolorosa, intervención, llegó el momento de regresar a la patria y reencontrarse con su Amelia, que ansiosa lo esperaba en el aeropuerto de Bajaras contando los minutos para volver a abrazar a su novio.

Los pasajeros del vuelo salían y la chica no conseguía dar con su chico. Empezaba a ponerse nerviosa, cuando un desconocido la tocó en el hombro. Al girarse, se sorprendió al ver a aquel extraño, al que no reconoció hasta que le habló:

 

- Amelita, gatita, ¿no me conoces? Soy yo, tu Ernesto.

 

Quedó amarilla como la cera al reconocerlo. Luego se echó a reír. Pensó que se trataba de una broma. Se  mojó un dedo con saliva e intentó limpiar  la cara del novio pensando que se trataba de betún.

 

-“Restriega, restriega”, insistió Ernesto orgulloso. “Ya soy negro de verdad, cari, como tú deseabas. Ya no tendrás que fantasear con ningún negrito. Ahora tienes uno para ti solita y para siempre...”

Cogieron el cercanías y se fueron a casa. Amelia no dijo esta boca es mía en todo el trayecto. Si la hubieran pinchado, no le hubieran sacado ni una gota de sangre…

 

Ni una semana después, Ernesto se quedó más solo que la una. Una oscura mañana, Amelia se marchó. Cuando él volvió del trabajo, se encontró con que ella se había largado y le había dejado una nota que rezaba:

“Querido Ernesto: cuando te conté mi fantasía, creo que hay algo que no entendiste. Mi deseo de estar con un negro, no era solamente por el color…”

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